
Se han acabado las vacaciones, todo vuelve a la rutina. No cabe duda de que este año 208 va a pasar a la historia de nuestra casa, como uno de esos "agnus horribilis" que recordaremos como la prueba que tuvimos que pasar.
La enfermedad ha decidido acampar entre nosotros, pero nos caracteriza esa buena mala suerte con la cual intentamos reponernos de cada duro golpe que nos sale al encuentro.
Hasta los accidentes laborales nos han visitado, y vuelve a salirnos la chiripa al encuentro. La verdad es que en estos momentos que no me están resultando fáciles, me abruman todos los francos que tenemos abiertos... Mi ama, mi suegra, mi cuñado (el del accidente)...
Pero entre tanta desgracia acumulada, empiezo este curso escolar con una calma y sosiego respecto a lo laboral que ya hubiese querido tener por ejemplo hace un año. Parece mentira que nos tengan que pasar desgracias para que pongamos en orden las prioridades, y valoremos el día, y las cosas pequeñas.
Mis hijas, bueno mejor dicho nuestras hijas, se están haciendo mayores y son la brisa en este desfiladero por el cual caminamos.
Este verano en Llanes, ha sido el del deporte, no se si por influencia de las olimpiadas, o simplemente, por que ha llegado ese etapa donde las cosas que hacemos los cuatro juntos son ya de club de tiempo libre mas que de guardería.
La senda costera, la senda del Oso, la ruta del Cares, el descenso del Sella. Una Olimpiada en toda regla para una cuarentona como yo.